CAPICUAS

  A María Colodrón y las Constelaciones de Piedralaves.

De nuevo, amiga águila, sobrevuelas por encima de mi cabeza cuando ruedo con la bicicleta de montaña por los campos sevillanos; y me llamas con tu dulce planeo, con tus agudos chillidos de protesta, con tu sombra divina transportada por los aires levantinos de este quince de noviembre. Eres mi espejo en la naturaleza que me quiere y protege; y así lo siento. Eres la base de mis sueños de liberación que no son más que eso: ilusiones. Eres mi deseo y gozo de flotar libre por los aires (confieso que me encanta estar en un avión, confieso que no me atraen los parapentes ni paracaídas). Silbo fuerte para llamarte, para atraerte a mí creyendo que algún día bajarás de tu cielo para charlar conmigo o para contactar de alguna manera. Estamos hermanados, ¿no? Eres mi animal de poder, ¿no?, querida águila. Tantas veces te presentas ante mí… ¡Háblame! ¡Trabájame! ¡Enséñame a mirar alto, a amar tanto la sombra como la luz para alcanzar la alegría que mi corazón desea! Mientras espero que algún día ocurra eso (y sé que no ocurrirá), disfruto tu aleteo por estos corredores verdes, admiro la belleza de tus alas extendidas, los moteados blancos de tus plumas, y recibo un golpe de energía y entusiasmo con la seguridad que produce tu infinito esplendor en los cielos azules.

Detengo la bicicleta para disfrutar, a veinte metros escasos de mi casco de ciclista, tu ligero reposo de pluma sujeta a las turbulencias del viento y te digo: Yo también sé planear cuando buceo en la inmensidad del agua del mar batiendo récords de no respiración mientra investigo desenfocados bancos de arena y piedras acompañado de peces y algas marinas y tablas de surf en las playas de El Palmar en Cádiz, sí. Puedo sentir lo que sientes tú, puedo levitar mi cuerpo como haces tú, puedo transformarme en hoja muerta expuesta a mareas, en astronauta abandonado por un accidente de cohete al cual estaba enganchado para arreglar no se qué desperfecto (como en las peores películas de Hollywood: léase “Gravity”), convertido en satélite de masa humana que sobrevuela los tiempos y el espacio y al que la falta de oxígeno, la imposibilidad de alimentarse y la muerte de la consciencia, harán que vague eternamente entre las estrellas, los meteoritos, los satélites de comunicación y toda la chatarra espacial que allí se acumula. En ese instante me pregunto (y perdón por dejarte a un lado, animal de poder) qué ocurriría con ese trozo de carne colgado en el espacio exterior. Podría acudir a internet para informarme mejor pues parece que ahí está la verdad, pero no. Dejo volar la imaginación como dejo volar el cuerpo solitario del astronauta abandonado, como te dejo volar a ti, mi animal de poder, águila o aguilucho de mis entrañas, y comienzo a suponer que a lo largo del tiempo ese cuerpo flotante se despojaría de aire y agua para terminar siendo una especie de ente humano orbitante, desecado como una pasa vieja o un faraón del viejo Egipto. Pero, la humedad de ese cuerpo, ¿dónde quedaría? Las gotas, ¿exudarían a través del traje espacial?, ¿quedarían esparcidas en el espacio? ¿se unirían a otras? ¿hay humedad flotando en el espacio? Y la conciencia perdida, su consciencia humana: esa que no pesa, que no existe, que no ocupa lugar, ¿bajaría a Tierra o permanecería allí?, ¿se disolvería entre otras consciencias?, ¿existe la consciencia o solo somos largos sueños en descompresión? (Por favor, compre su licencia Win RaR. Comprar ahora. Cómo comprarlo. Cerrar. Ayuda... Cierro, cierro…) Parece que sí. Todos tenemos una consciencia. ¿Qué haría la del astronauta allí arriba, perdida y solitaria? ¿Es el espacio el lugar a donde van a reposar las consciencias? ¿Son ellas las que nos vigilan como siento que me vigilas tú, hermana águila? ¿O son la luz que se proyecta sobre una pantalla blanca y que tienen el mismo final que un rollo de película: la nada, el vacío?

Águila o aguilucho de mis entrañas, voy a dejar de volar con la cabeza y voy a escribir en tu honor un complemento lírico para el Quadern. No lo olvides, no me olvides. Continúa ahí: para mí, para todos, para siempre.

Cuando el cielo es una pared azul.

Cierro los ojos.

Cuando levanto la vista para recibir tu saludo.

Me extiendo y planeo.

Cuando te reclamo sobre mi cabeza.

Siento el aire.

Cuando te veo volar.

Estoy volando.

Cuando estás volando.

Me ves volar.

Cuando sientes el aire.

Me reclamas bajo mi cabeza.

Cuando te extiendes y planeas.

Levantas la vista para recibir mi saludo.

Cuando cierro los ojos.

El cielo es una pared azul.

 

Culebrera o ratonera, perdicera o pescadora.

Soy el águila de tus sueños.

Tus alas son la manta de mi poder.

Encerrado en tu consciencia.

Tus vuelos mi razón de ser.

Cartografiando tu inocencia.

Tu figura mi sonrisa.

Privilegiando tus ensueños.

Cuando privilegias mis ensueños.

Mi figura es tu sonrisa.

Cuando cartografías mi inocencia.

Transformo tus vuelos.

Cuando encierras mi consciencia.

Empodero tus alas.

Cuando apareces en mis sueños.

Pesco y cazo para ti de nuevo.

JB 17

UNA CLENCHA

Micro teatro de

Juan Bullón

PERSONAJES:

-Director de cine publicitario (OFF)

-Berta

-Pepito

La acción tiene lugar en una playa con fuerte viento y oleaje.

ESCENA 1

Sonido fuerte de olas y viento. Dos sombrillas playeras, dos neveras, varios balones inflables, cuatro sillas de playa, dos grandes banderolas con información de Campeonato de Surf, silla grande de vigilante playero,un dibujo de montaña y faro lejanos.

DIRECTOR DE CINE (En off y gritando nervioso): ¡Prevenido todo el mundo!… Berta… Pepito… ¡Cámara! y… ¡ACCIÓN!

(En escena aparecen desde el fondo a la derecha: BERTA, mujer de unos setenta años, con bañador azul claro de cuerpo entero y un pareo que le cubre la cintura y las piernas. Tiene el pelo de color gris y una bonita figura a pesar de la edad. Se la ve guapa y delicada. A su lado: PEPITO, hombre de unos setenta años, pelo canoso y con entradas, recio y fuerte a pesar de la edad. Va solo con un bañador largo de estilo hawaiano. Ambos llevan una tabla de surf deportiva (un “pincho”). Caminan alegres por el escenario hacia el proscenio, como si fueran a introducirse en el mar. Sonríen y contemplan el paisaje frente a ellos (patio de butacas y palcos): mar, olas y cielo. El viento remueve los pelos.)

DIRECTOR DE CINE (Off): ¡Corten! ¡Corten!… ¡Por favor!, ¿ahora una nube? No decías que esas no iban a tapar el “fockin’ sun”… ¡Berta! ¡Pepito! Quedaros ahí, en esa posición. Vamos a esperar unos cinco minutos al bueno del Señor Sol.

BERTA y PEPITO pinchan las tablas en la arena y quedan juntos en medio del escenario. Se miran.

BERTA: ¿Sabes usar esta plancha?

PEPITO: ¿Yo? No tengo ni idea. Me han dicho que arree con esto hacia el agua y aquí estoy. ¿Y tú?

BERTA: En absoluto. Ni siquiera me gusta el mar. ¡Qué pesadez de rodaje! ¡Y qué pocas ganas de continuar tras la comida!

PEPITO: Yo fui marino mercante. Treinta y cinco años. Ocho meses en el mar, cuatro en casa.

BERTA: ¿Y tu mujer? Me dijiste que estabas casado.

PEPITO: Mis mujeres querrás decir. Ja, ja… No, en serio. Mi mujer en casa. Mi mujer, mis suegros, mis niños: ¡insoportables todos!, je, je.

BERTA: ¡Qué caradura!

PEPITO: No, es la realidad. ¡De qué si no iba a estar dando vueltas por el mundo! En cada puerto una mujer, ¿no?, o… o eso decían: Ja, ja, ja… Mmm, esta exquisita brisa marina es agua de mayo para mí (respira profundo).

BERTA: Perdona, ¿eso que huelo es lo que me temo que huelo?

PEPITO: Sí, ja, ja, ja, se me ha escapado.

BERTA: ¡Serás asqueroso!

PEPITO: Lo siento, pero el menú de hoy… Me acordé del restaurante El Candil en el Puerto de Gijón. Qué alubias nos metíamos entre pecho y espalda toda la tripulación. Y después, la siesta y la sinfonía de …

BERTA: ¡Qué asco!

PEPITO: Vaya, la señora jamás ha tenido ventosidades, ¿no?

BERTA: Sí, pero no voy alardeando de ello por ahí.

PEPITO: Hmmm, … vengo observándote toda la mañana y ¿sabes qué? Te veo muy sexy con ese bañador azul tan apretado. Tienes unas bonitas curvas, tienes un…

BERTA: Mi marido está en el hotel, así que …

PEPITO: ¿Os han pagado el vuelo a Fuerteventura?

BERTA: Sí, claro. Y tu mujer, ¿dónde está?

PEPITO: En verdad, murió hace dos años…

BERTA: ¿Te estás burlando de mí?

PEPITO: Soy libre. Estoy libre. Aunque ahora que lo pienso siempre he sido libre.

BERTA: ¿Y tus hijos?

PEPITO: De mis hijos sé poco … ¿En Madrid? ¿En Francia?

BERTA: ¿Cuánto te pagan por esta sesión publicitaria?

PEPITO: 500 euros, me han dicho que es para Seguros San …

BERTA: ¿500 euros? ¿De verdad?

PEPITO: Sí, ¿por qué?

BERTA: A mi me pagan 400. ¡No me lo puedo creer!

PEPITO: Sí, pero tu has venido con tu marido y yo vivo aquí.

BERTA: ¡Qué va! Estoy sola. He venido de Madrid con el equipo técnico, la agencia, los clientes.

PEPITO: ¡Ajaaaah!, ¿caradura yo? Mi mentirosilla Jane ser lista, ¡muy lista! ¿Mi mentirosilla Jane no quiere un Tarzán para pasar la noche?…

BERTA: Cuando acabemos este plano me quejaré a la jefa de producción. Si es necesario abandono. ¿Qué necesidad tengo de estar haciendo la mema con esta tabla y encima humillada con el salario? ¡Cuánto machismo, por Dios!

PEPITO: ¡El dinero!

BERTA: ¿Dinero? Yo no necesito dinero.

PEPITO: Entonces, ¿qué haces aquí?, ¿por qué estás en la agencia de modelos?

BERTA: Necesito salir de Madrid, olvidarme de mis amigas, de mi familia, demostrar que valgo mucho más que para cuidar una casa y ser el sostén social de mi marido.

PEPITO: A ver, ¿qué fue de tu marido? ¡Y quiero la verdad!

BERTA: También murió.

PEPITO: Mmm, bonita cuento chino.

BERTA: ¡Imbécil! Lo quería, lo quería de verdad.

PEPITO: Sí, claro, yo a mi mujer, también.

BERTA: Pero lo odiaba,… también lo odiaba. Tantas noches sola en casa. Tantos viajes al extranjero.

PEPITO: Eso me suena. Me está empezando a caer bien tu marido.

BERTA: ¡Ignorante!… Se debía a su empresa. Era la mano derecha de su jefe sueco. Volvo por aquí, Volvo por allá…

PEPITO: Bonitos coches, sí señor. Y las suecas muy… mmm… ¿no sé cómo decirlo?

BERTA: ¡Está bien! ¡Sí! ¡Tenía una amante! … En realidad tenía más de una. Pero yo también disponía de mi vida como me daba la gana. Mis hijos, mis amigas, mis reuniones. Teníamos mucho dinero. Viajábamos juntos en verano. Todo era felicidad en esos momentos.

PEPITO: ¿Todo? ¿Y tus sueños?

BERTA: Están aquí, en esta playa, en este trabajo; viendo que aún sirvo para algo.

PEPITO: Sí, y para un revolcón con un tipo experimentado como yo. (Deja caer la cabeza sobre el hombro de ella)

BERTA: ¡Hombres! (Ella se aparta) Sois repugnantes. ¿Sabes que el realizador, este gordo seboso que nos dirige, entró anoche en mi habitación de hotel?

PEPITO: ¿Quién lo hubiera dicho?

BERTA: Quería hacerme acotaciones sobre el personaje que íbamos a representar, sus motivaciones, su pasado,sus secretos. ¡Pero si es la quinta vez que hago de jubilada de oro!

PEPITO: Nuestro papel lo conocemos al dedillo. ¿Y qué quería el cerdo ese?

BERTA: Llegó bebido, se le trababa la lengua. Me empezó a hablar de internet; no se qué de las milfs, de las grannys: se dice así, ¿no?; que nunca había conocido a nadie como yo.

PEPITO: Tampoco es tan extraño, tendrá 20 años menos que nosotros.

BERTA: No, no se trataba de eso. Sé que puedo ser apetecible, me sigo encontrando atractiva…

PEPITO: Mmm. ¡Cierto! Y lo eres. (Se pega de nuevo a Berta. Besa sus hombros. Ella se deja hacer)

BERTA: Mis horas de gimnasio, mis cremas, los rayos uva…

PEPITO: ¡Aaah!, la dura vida de ama de casa ricachona.

BERTA: El caso es que no quería tener sexo conmigo.

PEPITO: ¿No me digas? Porque yo…

BERTA: No cuerpo a cuerpo, vaya. Quería verme los pies, acariciar mis pies, ¡chuparme los dedos de los pies!, beber champán en mis zapatos.

PEPITO (con sorna): ¡Oooh, qué salvaje!

BERTA: Quería que le pisara la cara, que caminara sobre su barriga, que le apretara fuerte los testículos, que le masturbara con los pies.

PEPITO: ¿Te ofreció algo a cambio?

BERTA: Sí. ¡Dinero!

PEPITO: ¿Y qué dijiste?

BERTA: Que no, ¿qué voy a decir?, ¿qué puedo decir?

PEPITO: No sé, a mi a cambio de una buena suma de dinero.

BERTA: ¡Te he dicho que no necesito dinero! Siempre he deseado trabajar como modelo, ¡quiero trabajar como modelo!, quiero mostrar mi cuerpo, sentirme válida, sentirme a gusto, pero no formar parte del circo de estos seudo-artistas depravados. Sigo siendo una romántica: una vela sobre la mesa, un buen vino, una charla agradable, besos, caricias…

PEPITO: Y un buen mete-saca añadiría yo.

BERTA:¡Idiota! Te puedes meter la plancha esta por el culo.

PEPITO: Bueno, es una remota posibilidad. Podríamos probar a ver qué ocurre…

BERTA: Veo que tienes salida para todo.

PEPITO: … acompañados de una buena clencha para ponerse a tono.

BERTA: ¿Clencha?

PEPITO: Sí, un filete, una anchoa, una raya. ¡Un tirito de farlopa, vaya!

BERTA: ¿Tienes?

PEPITO: Siempre llevo conmigo. Lo que no tengamos los marinos.

BERTA: Mi marido conseguía de vez en cuando. No soportaba las convenciones anuales de Volvo. Ventas, ganancias, pérdidas, beneficios…

PEPITO: Me gusta tu marido. ¡Y no soy gay!… Bueno, me gustaba. Ahora estará reseco…

BERTA: … fines de semana aburridos hablando de coches, mecánicas, nuevos modelos, conversaciones manidas, acuerdos de última hora. Eso no había quién lo aguantara,

PEPITO: ¡Ooooh, qué desdichado! Sus buenas juergas se correría.

BERTA: Y solía acompañarle cuando se hacían en Madrid.

PEPITO: Vosotros los burgueses, siempre tan finos y relamidos. ¿Ves mis brazos?, ¿mis antebrazos? Pura roca (se golpea el antebrazo), puro trajín en el barco; embarcar y desembarcar mercancía, aguantar tempestades, viajes de cinco meses en alta mar, dieciocho tiarrones en sus camarotes masturbándonos todas las noches. Posters, internet, ¡cualquier cosa valía!

BERTA: ¡La imaginación de los hombres! Buf… No es vuestro fuerte.

PEPITO: Ni falta que hace. Todo es ponerse a tono y expulsar el demonio que llevamos dentro. Mmm, daba gusto cuando llegábamos a un nuevo puerto. Y estábamos bien entrenados. ¡Sí, Señor! Dando el callo como buenos marinos españoles.

Tumulto, gritos, sirenas de policía, silbatos, jadeos.

BERTA: Eh,… perdona, ¿qué es aquello que se ve cerca de la orilla?

PEPITO: Parece un barquito, ¿no? Uno de esos cayucos senegaleses.

BERTA: Van un poco apretados.

DIRECTOR DE CINE (Off y gritando): Pero bueno, ¿qué es todo este lío? Tened cuidado con el material, no dejéis nada sin vigilar… Ahora que ha vuelto a aparecer el maldito sol… ¡Berta y Pepito agarraos bien a las tablas.

Unas sombras recorren el escenario.

BERTA: ¡Mira, mira cómo corren!

PEPITO: Sí, es lo que tienen las locas aventuras de los negros africanos.

BERTA: ¡Pobrecitos! ¡Hasta una madre con un bebé en brazos! ¡Qué horror!

PEPITO: A decir verdad, hacía tiempo que no veía uno de estos por las playas de Fuerteventura.

BERTA: ¿Para qué corren si saben que los van a alcanzar?

PEPITO: Dispersándose, y cada uno por su lado, pueden encontrar refugio o a alguien que les ayude.

BERTA: El Estado ya les ayuda, les da cobijo hasta que solucionen sus problemas.

PEPITO: ¡Claaaro!, internados cómodamente en los magníficos CIES con vistas al mar.

BERTA: ¡Qué desgraciados!… El hambre no tiene límites.

PEPITO: Ni el hambre sexual, Baby… ¿Quedamos esta noche, cariño?

(Pepito levanta las cejas y sonríe. Berta le lanza una mirada sugerente abriendo y cerrando los párpados con intermitencia. Sonríe también.)

TELÓN

JB 16

EL TARRO DE CRISTAL

El tarro de cristal que uso para almacenar el café contiene la mitad de café, el resto es aire del quince de octubre de dos mil diecisiete. Cierro el tarro de cristal. Lo miro y remiro. Lo coloco en el estante inferior de la contrapuerta del frigorífico. No sé qué trato de encontrar en él pero de pronto siento pena. Pena por la soledad, por la oscuridad, por el abandono, por el cierre. Y algo de alegría cuando pienso en el futuro reencuentro con mi tarro de café dentro de seis meses, cuando el imperio de la luz y el calor retomen el mando del mundo; cuando el hemisferio norte mire de tú a tú a la clarividencia del sol y pueda, contento de estar vivo, contento de ser, dirigirme de nuevo a mi tarro:

        “¡Oh, aquí estás otra vez, tarro de cristal! ¡No has cambiado nada!” Y preguntaré: “¿Cómo te fue este ligero invierno a resguardo entre los muros de la casa de madera? ¿Qué sentiste en los incómodos días de torva oscuridad? ¿Acaso alguna engreída y vieja araña o una hambrienta hormiga trataron de escalar tus imposibles pendientes resbaladizas de noventa grados?”

         “Oh, mi amo y señor,” me responderás, “todo está en orden en la casa, todo estuvo en orden en estos aburridos días de invierno. Tan solo la luz de los rayos del sol, apareciendo tras las rendijas de las contraventanas, rebotando en el acero de los muebles de la cocina, acariciaba de refilón mi envidriado cuerpo; tan solo unas laboriosas hormigas reconocieron mi deseable interior pero, aburridas, continuaron su camino en busca de algo de comida: ¡tarea imposible!, pues nada orgánico dejaste a la voluntad de la corrupción del tiempo, ¡cuánta sabiduría y qué poco despiste, señor!; tan solo un simpático grillo, que entró por el pequeño agujero de la puerta al exterior huyendo de la tormenta y de la fanática lluvia para, incapaz de encontrar el camino de retorno, morir de hambre con un lastimero cric-cric tras la espalda de la nevera: allí encontrarás su cuerpo; tan solo una despistada araña tejió su saco de huevos justo a mi lado, en la esquina de esta estantería de compuerta donde me hallo: ¡¿será inútil?! ¿no podría haber encontrado mejor refugio para sus miles de hijos?; tan solo el piar de los inquietos pájaros que machacones me avisaban del comienzo del día y me hacían bostezar de envidia y rabia; tan solo los feroces vientos de levante aullando entre las finas hendiduras de las láminas de madera, golpeando, en una ocasión, la pared (¡qué susto!), con una enorme rama voladora y rota de un ciprés; tan solo el paso lento de días y días secando los granos molidos del café almacenado, marchitando su aroma y sabor por el peso del cada vez más rancio aire del quince de octubre de dos mil diecisiete (aunque, levemente, eh, ¡no te preocupes!: todavía portan el potente olor cafetero a pesar del lejano regusto a achicoria que manejan en la actualidad.)”

         “¿Achicoria?”, exclamaré. “!Qué asco!”

        “Sí, mi señor,” dirás. “Es un asco este inerte navegar por las estaciones del frío mientras tú vives la vida burguesa en tu otra guarida, en tu otra ciudad; y yo te sirvo de guardián en esta tu segunda casa; inamovible e inconmovible en mi estante inferior pero presente en la existencia como el que más, traspasando los espacios del tiempo sin penas ni ahogos, sin risas ni alegrías, como un simple y estúpido tarro de cristal con café que es lo que en definitiva soy. Todo tuyo. ¡Oh sí, mi señor!,” exclamarás en el regusto, “tómame de nuevo porque me han hecho para ti, usa mis poderes conservadores, destapa el cierre metálico, aspira el oxígeno de octubre (único y fugaz, ¡qué recuerdos!), siente el aroma tostado y muy amargo del café, y retorna a aquel día que pensaste en mí cuando convivías con la realidad de tu presente, cuando te entró esa extraña añoranza por el futuro: tonta, fútil y pasajera. Pero detengámonos, oh mi señor, hablemos ahora de ti: ¿Cómo fue tu invierno rodador?”

      “¿Yo? Tengo tanto que contar,” te diré mientras miro en pose hamletiana tu ya añejo contenido, “tanto vivido, tanto sufrido, tanto amado en estos seis meses. El tiempo es un plis, un ras, un fluash, una exhalación; y también una historia de enorme acumulación, historia de miles de historias, relatos de increíble emoción o de estupideces supinas que un día escribiré (si no los he escrito ya); una inmensa y pesada losa de nada, y sin embargo, un ínfimo todo para mi conciencia que ha de salir por algún lado… pero antes,… voy a preparar un café.”

       Meto la llave. Echo una última mirada a la casa. Todo está en orden. La puerta del frigorífico queda abierta. En el estante inferior, el tarro de café, mi tarro de cristal con café. Cierro.

                                                                                                                                                          JB 17

CRÓNICAS BASTARDAS: JAMES LEG

He-Rhodes al piano.
He-Rhodes a las teclas.
Jaime Pierna come niños impolutos.
Jaime Pierna empuja boxes de granito.
Jaime Pierna sostiene la columna.
De Babilonia a punto de finito.

Cuando el aguante puede al dolor, con la izquierda apuntalaba.
Cuando el esfuerzo es la batalla, con la derecha coceaba.
¡Go on, Jaime Pierna, Mthfkr!
Voz-gruñido-ronco degollando
Voz-mugido-bronco Lemmytando.
Y tu compañero matraca:
Ra-Ka-Ta-Ka-Ta-Ka.

Fuckin’ Soul Ballads,
aspirando a tronos de destemplanza.
Marshalls y Paistes,
escocidos por quiebros de venganza.
Estrujas la grasa en gotas de rock’n roll.
Exudas y secretas como infierno y calor.
Como Pinhead de acción.

Impúlsanos, ahora, ¡Oh, Jimmy!
Al Averno, al Tártaro, a la Perdición…
y me hundes en el pantanoso fango de La Lousiana (“Se va el Caimán, se va el Caimán..” )
cuando de pronto regurgitas:
“Don’t speak spanish, I’m so ashamed .”
¡Fuck you, Man! High-Full Energy is just the Plane,
when Jumpin’ Jack Flash meet the Search and Destroy at the end.

Sí Señor. Riffes inmortales, Tales de Mileto.
Y como dijo Aristóteles que dijo Tales:
“El alma es capaz de producir movimiento,
el alma se haya entreverada en el todo.”
Todos somos Dioses, pensó Aristóteles que pensó Tales.
¡Y quién sabe! But…
¡Sure!
¡We had Boogie, my God James!

El Mordor en la Sala X y los Flashes fónicos.
Las largas hebras exudadas junto a los mínimos plateados.
La Hebilla brillante que parte el cuerpo en dos.
Over the belt, The Man in Black.
Below the belt, The James Legs.

James Leg equal Jaime Pierna.
Fiera en el trono equal Manso en la hacienda.
Vergüenza y delirio.
Humildad y pasión.
October, Fuckers and Rock’n Roll.

JB 17

Encuentros de Experimentación                                                y Creatividad Literaria

  • Desarrollar la creatividad para conocer y reconocer la voz de nuestra expresión literaria como modo de progreso y autoconocimiento.
  • Diferentes ejercicios: tipos de escritura, puntos de vista, tipos de narradores, de personajes, adoptar otras voces, otros modos de crear y escribir.
  • Corrección y análisis de ejercicios y textos de los participantes.
  • Dramatización e interpretación de textos, escenas y diálogos de obras de prosa, poesía, teatro, cine. Dramatización e interpretación de nuestros escritos.
  • Lecturas en voz alta, grabación en vídeo de las lecturas. Estudiar el vídeo para mejorar. Escuchar nuestras lecturas para progresar.
  • Dirigido a personas que escriban con cierta regularidad y en cualquier estilo: relato, cuento, novela, poesía, ensayo, autobiografía, etc.

CUANDO: A partir del miércoles 10 de enero de 2018. 2 encuentros de 2 horas al mes. De 12 a 14 horas. Enero-Mayo de 2018.

GRUPO: 5 personas máximo.

PRECIO: 30 euros al mes.

LUGAR: Centro Andares Sevilla. Calle Miguel Ángel Olalla 8. 41010.

COORDINADOR: Juan Bullón. Licenciado en Ciencias de la Información, rama Imagen y Sonido. Realizador audiovisual, y guionista de publicidad, video-clips, documentales. Ha trabajado en Canal Plus, Canal Sur y productoras audiovisuales. Desde 2008 escribe relatos y ha acudido a diferentes talleres de escritura creativa (Fuentetaja, Javier Mije, Israel Pintor) Ha participado en el Máster de Escritura Creativa de la Universidad de Sevilla en el curso (16-17). Mejor lector y comentador de textos en el I Concurso de Relato Filosófico de Fuentetaja (2017). Más info: bugapro.com

CONTACTO: 654 423 416.  bullons@hotmail.com