Escribimos (Vídeo-Poemas)

El pasado 15 de octubre de 2020 estrenamos en YouTube el vídeo-cortometraje, “Escribimos (Vídeo-poemas)” con textos del curso pasado escritos por los que formamos parte de Los Talleres de Escritura Creativa en Andares-Sevilla. Otro paso más de Experimentación y Creatividad Literaria.

DICEN de Juan Bullón

Dicen que después del sexo no queda nada,

que una vez llegado y sofocado el incendio

nada resta por hacer más que

dormir, reflexionar, fumar el cigarro.

El sexo es lo que tiene,

un instante bruto, animal, desesperado, un vaciado de espasmos.

¿Qué queda una vez conseguido el objetivo?

Nada. Cero.

No hay tiempo para el post scríptum,

tan solo la posibilidad de recarga

(sobriedad lánguida tras el rayo de tu mirada).

 

Dicen que después de la vida no queda nada:

ni vacío ni recarga ni espasmos ni la vuelta atrás de marras.

¡Que no hay vuelta atrás, compadre!

Pero… ¿cómo hemos de tomarnos la vida?

¿cómo tomárnosla, hermana?

Como el acto, ¡me inflama!

Es instantánea y soluble.

Es desafiante y desafiada.

Es: la caricia a cielo que eres tú.

PS: I love you.

 

ESFINGE NEGRA de Carmen R. Hiraldo

Me gusta su silueta cuando se sienta mirando al horizonte.

Orejas: perfiladas. Hocico: afilado.

Esfinge negra y quietud:

altivez en la apariencia.

Abstraída y alerta parece hechizada hasta que algo le distrae

y empieza a mover la cola. Vuelve a la vida.

Se gira y corre hacia mí como si acabara de ¡descubrirme!

Vibrante e inquieta,

alza las patas y la acaricio.

Su mirada es agua,

su corazón: júbilo y bala.

¡Espera, que me pongo de pie para echar a correr

y emprender la vuelta a casa!

 

DE CÓMO UN GRAMÁTICO APENADO SE QUEJA DESATENTO de Carmen Galeto

Pongamos que hoy el verso se me atora y sale un ripio.

Pongamos, también, que el sustantivo que te dedico está aquí,

junto a mi lengua anudada.

Pasa un verbo y lo miro.

De abajo arriba no me gusta,

de arriba abajo aún menos.

Lo sacudo y está vacío, y busco otro, y otro.

Y me desgrano.

¡Creo que estoy de capa caída!

¡Creo que no poeto!

¡Qué será de mi suerte sin la tuya!

Me va la vida en ello

y veo que con vida sigo.

Tarareo la canción de los dos cuando me hace aguas el ojo izquierdo.

Y a la espera y sin tiempo voy y lo anoto:

que también me agüea el otro,

el derecho sin consuelo.

 

MAULLIDOS Y ESPANTOS de Manuel Rodríguez de los Santos

Recibimos cartas de desahucios, de impagos, de desamores, ¡del banco!, y por eso, paso de puntillas por el buzón, para no encontrarme cara a cara con esas que huelen a veneno y que crees que nunca llegarán, ¡pero llegan! Ayer, vi cómo sobresalía por encima de la tapa un sobre grande y sepia que inmediatamente reconocí. Me detuve a escudriñar el buzón de los lamentos. ¡Qué bien! ¡Qué contento! ¡Me siento afortunado! Tengo el contenedor de basura cerca y ellos maullarán de espanto.

 

SABER de Pedro García Ordiales

La gente suele saber lo que quiere

suele saber lo que necesita

suele saber lo que desea.

Yo, en cambio, me suelo encontrar en una tormenta entre

lo que quiero, necesito y deseo.

Sin embargo, me resulta más fácil saber

lo que no quiero, lo que no necesito y lo que no deseo.

Y todo porque el exceso de seguridad que da saber

lo que quiero, necesito o deseo,

me proporciona un exceso de inseguridad.

La verdad es que no sé si me explico

porque me pierdo en el mundo del QUERER.

Y si algo tengo claro es lo que NO QUIERO.

 

ÚLTIMO DESPACHO de Juan Bullón

Uno se adhiere a todo,

uno se adapta al medio.

Dos también.

Pero dos forman un entero,

una dialéctica,

una lógica de amor y fuego,

de actuaciones en este universo de cromos repetidos

que conforman los tiempos.

Sin MASCARILLAS

Un ejercicio de Experimentación y Creatividad Literaria.

Tan solo renegar del nombre.

                                                                                   Octubre 2020
                                                                             




The 2020th Earth Pandemic Show

… y los perros sin bozal que se descojonan de mí cuando paso a su lado por la calle.

Juan Bullón

Garbo

Cuando me doy la vuelta y miro, lo veo atorado tras la quirúrgica.

No hay pez que se muerda la cola con más garbo.

Carmen Galeto

Otra mirada

Hay quien habla en convexo cuando está tapado el cóncavo.

¿Perdida o encontrada? ¿Espejo del alma? La mirada.

Pedro García Ordiales

Ojos

Me sorprenden los ojos con chispa:

en los que nunca reparo,

de los que siempre huyo,

de los que ahora me cercan (Nunca dudes en ver la luz de detrás)

…y tiemblo.

Manuel Rodríguez de los Santos

Aspiro

Sigo aspirando con fuerza cuando paso cerca de una higuera,

de un césped recién cortado,

de un jazmín.

Sigo pintándome los labios aunque se desplome el índice lipstick.

Carmen R. Hiraldo

Luna y avión

Un ejercicio del Taller de Experimentación y Creatividad Literaria de Sevilla a partir de una fotografía de Rafael Pérez Martínez. Junio 2020

La luna y yo

Y un avión entremedias

Los tres borrosos

Haiku de RPMartínez

Cuando nos reunimos con nosotros mismos para atacar un texto lo hacemos desde todos los flancos posibles dependiendo de nuestras posibilidades. A los flancos físicos y subjetivos que somos cada uno hay que añadir los miles de egos que conforman nuestra mente: ingobernables, desatentos, magníficos, necios, divinos, infinitos, … Una mezcla de opiniones y sentidos varios que martirizan y nos significan. Ante un desafío literario, sea el que sea, mostramos nuestras mejores y peores armas para quedar al desnudo víctimas del esfuerzo de creación que nos permite el momento y que nos auto permitimos. La culpa siempre es del que escribe por haberlo escrito, si es que la hubiera: que no la hay. ¡Qué frágiles son las almas creativas! ¡Qué inocentes y limpias cuando se enfrentan a un sencillo juego de creación literaria! ¡Por la diversión y el espasmo! ¡Y que quede escrito!

Estas páginas son el resultado de un desafío y de un precipicio. Esto que aquí hemos escrito, para bien o para mal, los que formamos parte del grupo de Experimentación y Creatividad Literaria en la ciudad de Sevilla, es un juego de invención literaria a partir de una foto. ¿Qué nos llegó? ¿Qué sucede en esa foto? ¿Qué nos inquietó para escribir? Un impulso literario del mes de junio de 2020, un impulso hacia la escritura. Con él nos conocemos y reconocemos. Y lo disfrutamos. Y aquí queda expuesto en este archivo para que sea leído. Soplos y fragmentos, bestiarios fotográficos y Juan José Millás en el reverso.

Juan Bullón. Coordinador del TECL de Andares Sevilla

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SELENE Carmen R. Hiraldo

 

¡Selene!

Novia de nácar que resplandeces en la penumbra

luz prestada que brilla en la oscuridad.





Te escondes y vuelves transformada.

Diosa traviesa: serena, llena,

actitud de turgencia preñada.

  

Derramas esplendor y magia,

robas el color e iluminas a distancia:

azul y hielo, marfil o rojo, sangre estampada.

 

Lobo, Toro y Vampiro conjuran tu mirada.

Eres locura o inspiración, hechizos y rayas,

senderos y caminos del agua.

 

Por tu esfera plateada juegan sombras.

Y ya no vuelan brujas con escoba.

Solo pájaros de acero que te horadan.

 
 

AEROSTATO Carmen Galeto

 

Aseguran las autoridades que no hay nada en la luna y yo disiento.

Estás tú: cráter, aerolito, amada mía.

Y cuando aciertas y bajas

y me engulles

mi verso anda sin gravedad

me asola y sube

me hago aeroplano, dirigible,

anoto tus desvelos,

cuento cada uno de tus sueños

y descanso cosmonauta

en desapego.

 
 

LUNA MILENARIA Manuel Rodríguez de los Santos

 

Mis alegrías son como esos fogonazos de sol que equivalen a muchas bombas nucleares. ¿Y los fracasos? Cráteres en la luna milenaria. Los científicos les ponen nombres y yo prefiero ignorarlos. Tensan mil heridas y recuerdos.

Ahora me confunden las estelas cruzadas de los aviones que señalan rumbo a lugares que desconozco. Al poco, casi al pestañear, se vuelven borrosas, se disipan. ¿He tardado demasiado en decidir una ruta o debo esperar otras pistas? Aún así, las prefiero ocultas entre nubes caídas de tormentas y borrascas pues no tengo que elegir. Si eso me hace indeciso debo confesar que sí. ¡Soy indeciso! Por eso, he colgado en el árbol unos móviles de lunas, estrellas y soles que veo balancear desde mi hamaca y que giran con los soplos del viento que aquietan mi confianza. Me duermo.

 
 

ESPERO A LA LUNA Yayo Rivas Morales

 

En ciertas noches oscuras

(el cielo vestido de estrellas)

me invade la tristeza

y espero a la luna: la luna llena.

 

Aparece en el crepúsculo: cuando mis ojos se aclaran

y mi lecho es la hierba aplastada.

Tumbada e inmóvil mi cabeza

me eleva el resplandor que tanto me hechiza.

 

Adoro su belleza y le hablo claro

le canto mis pesares, sucesos y penas.

Sonríen sus cráteres con fantasía

y no retengo asombros ni muecas.

 

Estiro los brazos, acaricio su esplendor,

adquiero, al fin, su gracia serena.

Sin embargo, lo efímero rompe mi expansión,

rugen estruendos, artificios humanos, hostiles evidencias…

Luna Llena 5 Junio 2020

 
 

SI SE TRATA DE Pedro García Ordiales

 

Si se trata de no sentir, miro a la luna

que es confusión.

Si se trata de virilidad, miro a la luna

que es femineidad.

Si se trata de preguntar qué necesito, miro a la luna

que ella sabrá.

Si se trata de crear, miro a la luna

que es mamá.

Si se trata de paciencia, miro a la luna

que es un ciclo vital.

 
 

DESAMPARADO Juan Bullón

 

Herido en mi pozo de ausencias, en mi corazón sin fortuna,

te digo adiós

tangente negra que perfora su blancura.

Desde Tierra te interpelo

con mi poco pelo y mi trapo blanco,

con mi pesar de acero sin dinero,

con mis ojos sin brillo de aceituna.

No, no me dirijo a ti, luna, lunera:

¡Deja las pelusas irritantes!

A aquella amiga me refiero,

a aquella amiga de la ventanilla pasajera y el asiento A Fila 2 flotante.

¡Que tengas buen viaje! (“Entre comillas” y gerundios malvados)

Y no me mires de soslayo y desde tan alto!

Mira que fletarte, ¡traidora!,

sin billete de vuelta a mis abrazos.

¡Escúpele, luna!

¡Escúpele mi rencor y amargura!

MANO DEL DESIERTO

Un ejercicio del Taller de Experimentación y Creatividad Literaria de Sevilla

Mayo 2020

Escultura de Mario Irarrázabal (Desierto de Atacama, Chile)

PRÓLOGO

Cuando nos reunimos con nosotros mismos para atacar un texto lo hacemos desde todos los flancos posibles dependiendo de nuestras posibilidades. A los flancos físicos y subjetivos que somos cada uno hay que añadir los miles de egos que conforman nuestra conciencia: los ingobernables, desatentos, magníficos, necios, divinos, infinitos, … Una mezcla de opiniones y sentidos varios que martirizan y nos significan. Ante un desafío literario, sea el que sea, mostramos nuestras mejores y peores armas para quedar al desnudo, víctimas del esfuerzo de creación que nos permite el momento y que nos auto permitimos. La culpa siempre es del que escribe por haberlo escrito, si es que la hubiera: que no la hay. ¡Qué frágiles son las almas creativas! ¡Qué inocentes y limpias cuando se enfrentan a un sencillo juego de creación literaria! ¡Por la diversión y el espasmo, que quede escrito!

Estas páginas son el resultado de un desafío y de un precipicio. Esto que aquí hemos escrito, para bien o para mal (los que formamos parte del grupo de Experimentación y Creatividad Literaria en la ciudad de Sevilla), es un juego de invención literaria a partir de una foto elegida en votación democrática por todos. ¿Qué nos llegó? ¿Qué sucede en esa foto? ¿Qué nos inquietó para escribir? Un pulso del mes de mayo de 2020, un impulso a la escritura más. Con él nos conocemos y reconocemos: y lo disfrutamos. Y aquí queda expuesto en este archivo para que sea leído. Son soplos y fragmentos, bestiarios fotográficos, con Juan José Millás en el reverso.

Juan Bullón

Coordinador del TECL de Andares Sevilla

ATACAMA ME QUEDA LEJOS de Carmen Galeto

Atacama me queda lejos; tanto que a veces pienso que es imposible que exista ese nombre, esa mano. Dios estaba fuera cuando se hizo, cuando apareció en medio de la nada. Aquí ni dios existe en el paisito de Hahn (difícil nombre para un escritor). Y ustedes me dirán: Y ese tal Óscar, Óscar Hahn, ¿qué escribe, qué busca en cada esquina, qué no encuentra?

Desventurados los que divisaron /

a una muchacha en el metro /

y se enamoraron de golpe /

y la siguieron enloquecidos /

Y ahí está él, buscando a su nieto en los papeles, en las esquelas de desaparecidos, en los cuernos de gacela, en cada una de las líneas de la mano, en cada bocacalle que linda con la vereda que da al campo, en cada Atacama con o sin esculturas. Y dios, que no existe aquí, se siente culpable ante el pobre de Óscar que gastó sus zapatos sin pedir que le cosieran las suelas:

…y la triste certeza de que los espejos no tienen memoria.

Sí, se quedan con cierta pesadumbre. No, no pueden pasar sin mirar, sin mirarse. ¿Qué puede un poeta contra la tristeza? Nada, nada. Hurga en la herida, retira el apósito y nos deja vendidos, porque en realidad ser poeta no se elige, y háganme caso, no es plato de buen gusto para nadie. Hoy sé que el verbo en ti se ha hecho hombre y verso, espejo, comezón, Huidobro.

MANO de Carmen R. Hiraldo

Una sola mano no puede aplaudir pero puede mecer la cuna.

En la travesía del desierto es lo que uno buscaría:

una mano.

La fuerza que surge cuando todo parece acabado.

Una mano abierta

ofrecida al que sufre,

al viajero necesitado.

Pero esta

no es la mano que te guía cuando pierdes,

que te levanta cuando estás hundido.

Más bien te inquieta.

Mano hinchada y deforme, sin vida.

Aunque sea presencia, vela y señal,

no es protección

ni calor en medio de la desolación

ni oasis para recuperar el aliento.

Es la que nos recuerda que somos humanos y soñamos atentos.

TAL VEZ, MARADONA de Manuel Rodríguez de los Santos

Me dan el alto en Atacama. Freno y dudo. En este desierto es difícil saber las normas por las que se rige la vida y menos, las de conducción. ¿Saluda o me despide con un adiós? Desconozco lo que hace la otra, o su cabeza enterrada tras el desmoronamiento. No deseo conocer su rostro ni los agravios por los que se oculta. Pliegues que lee el viento y no sirven para predecir el futuro, aunque sí garanticen el silencio. ¿Monumento contra la barbarie? ¿Confianza en la humanidad? Tal vez el Dios Maradona que engaña a los que buscan consuelo o quieren saber demasiado. Me aterra. Es gigante, es inmensa, es preciosa. Aunque prefiero no tocarla. Acelero y le doy vueltas, levanto una polvareda. Ya sé qué dicen las arrugas: ¡Aquí, desesperación y sosiego! Me alejo precipitado. En sudor. Deseo ir donde nadie me amenace, donde solo me reciban el corazón y la mente. Tranquiliza verla pequeña en el retrovisor y me relajo sabiendo que no me atrapará. Pero sé que hay muchas otras manos y que debo estar alerta. Además, se deshacen al abrazarla: unos duendes las reconstruyen cada noche para que aparezcan con el sol de cada mañana. Lo han dicho por la radio.

ANHELO de Yayo Rivas Morales

El polvo que me apresa es dorado

Mis falanges aún no están ocultas

y elevo súplicas por su regreso

Es cierto y solicito compasión

Mi compañera fue al finis terrae

y vivo expuesta al desmoronamiento

El astro me somete y sudo a chorros

pero ante las noches de silencio

(como todos) con las estrellas también me tiemblo

Tengo facultades limitadas

percibo el tacto de los viajeros

son firmes manos que suplen afectos

Anhelo la libertad y hallarte:

dulce compañera de granito.

¡Vivo a contramano en este desierto!

LA MANO EN EL DESIERTO… de Pedro García Ordiales

…es la mano del escritor que llena las hojas en blanco,

perfecta extensión de su cerebro abierto a ideas que dice:

¡Stop! ¡Basta! ¡Déjalo reposar! ¡Ya seguirás!

Es la mano que surge en el desierto para crear un vergel,

una poesía o una canción,

y rellenar el espacio que una vez habitó nuestro yo interno.

Mano de manco que redactó un Quijote prisionero.

(¡Quién diría que de ese vacío surgen ideas!)

Es la mano dispuesta a dar y a recibir, pero también

(y no lo olvidemos)

a perder los versos fugaces que sobrevuelan nuestra mente inquieta,

versos que el escritor no supo agarrar en su momento y que por eso no volverán o lo harán de forma indiscreta.

Mano que redacta lo que de desierto cerebro tiene el escritor:

una palabra, una frase;

a esta le sigue otra, y otra más (ya tiene casi un párrafo),

y al final:

infinidad de hojas escritas que surgen de la arena como gaviotas espantadas hacia el cielo para que otros las lean o para que contemplen su vuelo.

LEVANTO MI MANO Y CONSIENTO de Juan Bullón

Desde Atacama yo os reclamo amigos:

en línea recta frente a mí y a tres mil

quinientos kilómetros aislados

(de hombro a pies enterrados), Moais de Rapa Nui.

Regurgitemos de la Tierra (nos sepultaron una vez).

Que ya no queda coronel Taylor

Statues of Liberty ni Cornelius

que lloren las guerras absurdas por el poder.

¡Arriba, Pedruscos de la tierra!

¡Agrupémonos todos y sin descuido!

De Isla de Pascua a Atacama, luchemos

juntos: ¡Corazones de Hiel y Piedra!

¡Terracotas pardos! ¡Guijarros benditos!

Frenemos ya a la infecta raza humana.

SECA: LOS LEONES DE TSAVO

(Ensayo lírico en prosa)

                                                                                                            A mi amigo, Félix Valiente, escritor y filólogo.

“En la estación seca los leones de Tsavo cazan solos.” *

Veo enormes bocas entreabiertas tragando un ligero viento empolvado en respiraciones rápidas que soportan a la sombra el calor ancestral del noviembre africano. Ojos achinados y a medio cerrar. Esta la otra boca, la mía, que bosteza en plancha sobre el perezoso arrullo del sofá. Veo unas patas mullidas que pisan el suelo naranja del parque natural de Tsavo. «Voy a echar un vistazo entre hierbas apagadas y árboles oxidados», pensó la sosegada leona quitándose un cachorro de encima.

“En la estación seca los leones de Tsavo cazan solos.” *

Estoy en la repetición de la frase. Estoy en la repetición del documental de la 2. Estrenado el miércoles pasado y repuesto hoy domingo 12 de mayo de 2019 por la tarde, se clava. Vivo en el instante de la sugerente frase sobre los leones de Tsavo. Penetro en la dicción hermética y rotunda del locutor, patino a gusto (y con temor) sobre esa A alargada de caaazan. Me domina, me impone. La frase al completo es perfecta, enunciativa, afirmativa: categórica. Es la que explica el documental. De pronto, me doy cuenta de que puedo vivir en la pura verdad de una oración tan simple como totémica. Intimida la fiera certeza del núcleo del predicado, ese caaazan que se pega a mí. Fluye la tristeza y el desamparo del complemento de lo predicado: solos; variable atípica producida por el hábitat, muy seco, que soportan las manadas de leones (incontestables comandos de caza) en el parque natural de Tsavo en Kenia y que resume la película. Percibo la gloria del núcleo del sintagma nominal, esos leones adaptados al medio seco y primos lejanos del bravo y melenudo León de Judá: porque los machos, en su adaptación al medio en Tsavo, se han desecho de las largas melenas para estar frescos en la estación seca; machos enormes, algunos de casi tres metros, como aquellos que se comieron a varias decenas de hombres (trabajadores indios y semiesclavos del poderoso Imperio Británico) durante la construcción del ferrocarril de Mombassa a Uganda a finales del siglo XIX. Adoro lo que puede transportar una frase, su estructura marmórea, la impecable contención del locutor. Viajo en el flujo y reflujo de un indómito sintagma nominal que ruge y camina al abrigo de dos poderosos sintagmas verbales.

Que están en la estación seca. Leones. Que cazan solos.

                                    “{En la estación seca} (sintagma verbal)

                                     {los leones de Tsavo} (sintagma nominal)

                                      {cazan solos}.” (sintagma verbal)

                                     «Soy la leona de Tsavo,

                                      ¡algo habrá para atrapar!

                                      Veo en la distancia

                                       al cochino facócero en el casi reseco charcal.

                                       Charco que te charcas

                                        y en tus cuernos,

                                        y en la verrugosa piel,

                                        está tu verdad.

                                        Tu bienestar es el mío,

                                        puerco salvaje,

                                        ¡te voy a merendar!».

Es extraño el documental después de escuchar la simbólica y aterradora frase. Es extraño el paso de la música relajante a la música dramática impostada, a pesar de la infantil obviedad. Todo es verdadero y falso a la vez. Un facócero como cochino en charca. Obvio. Carrera de la leona hacia la charca. Obvio. Zooms de la cámara entre los arbustos sin ver nada. Hay una especie de chalet administrativo al fondo, a unos quinientos metros. No nos muestran la caza del facócero. ¿Obvio? Tensión musical y cámara removida. Al rato, podemos ver a la leona mordiendo el cuello y muerto el animal. ¿Pasaba el facócero allí por casualidad? ¿Es un actor animal bien dirigido? ¿Es el facócero muerto, el mismo que paseaba antes? Tengo la sensación de que aquel lugar es igual al campo sevillano en pleno verano. El chalet. ¿Tal vez la Reserva Natural de Minas del Castillo de las Guardas? Sin embargo, apelemos a lo importante. Una vida mamífera menos. Un conato de suspense. Muerte y vida. Llegan y pasan, vienen y van, y a nadie importa. Ni esta ni la de los demás. Siendo todos, los que somos los demás (¡todos, eh!); ni uno menos ni uno más; partes de una cadena sin parar.

“En la estación seca los leones de Tsavo: ¿cazan solos?”

                                                                * (Del documental “Wildlife: Supervivientes de las planicies: Los leones de Tsavo”)

                                                                                                                        Juan Bullón

Encuentro Literario y Audiovisual en Andares

El jueves 4 de octubre celebramos el I Encuentro Literario y Audiovisual en Andares Sevilla. Presentamos 6 Vídeos-Poemas-Relatos realizados con ejercicios de escritura creativa del Taller de Experimentación y Creatividad Literaria. Previamente hicimos una lectura en directo de textos propios y de otros autores.

Gracias a Aurora, Tomàs, Carmen G., Manuel y Carmen R. por la participación.

Bajo la sombra de Aurora Palomo Olivos

Mr Smith de Tomàs Bases

Matsuri de Carmen Galeto

Cambalache/The Terror/Flores robadas de Manuel Rodríguez de los Santos

La Gota Asesina de Carmen Rodríguez Hiraldo

My Name is Scott de Juan Bullón

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APUNTE

No sé cómo empezar y sí sé empezar. Lo he meditado, lo he soñado y lo he sentido. Primero, cabalgué a lomos del círculo de luz fosfénica con el que hago discurrir mis meditaciones y pensamientos para entrar en lo que quiero narrar. Y siento vergüenza por este comienzo solipsista que nada tiene que ver con lo que voy a trasladar al escrito. Soy un medio de recepción más del discurso presente y me agarro a las noticias, que seleccionadas, me ofrecen los medios digitales: fábulas inagotables de una cierta verdad, cuentos de nunca acabar, ventanas a la que me asomo y donde siempre corre al aire fresco y renovado de las mismas crónicas de siempre: el arte por sobrevivir de cada uno, el arte por activar nuestra castaña, almendra o nube de conciencia, el arte por reafirmar nuestra presencia en la Tierra con las miles de pantallas en blanco que fugazmente se iluminan para contar y vivir una vida. Y yo también estoy aquí, claro. Y yo también recibo en la pantalla. Y algo me indica que estampe. ¿Qué es lo que vi?

Un niño de poco más de un año flotando boca arriba,
un niño haciendo “el muerto”,
un niño muerto,
vacío de castañas y almendras de conciencia,
tan solo un rápido parpadeo sobre la pantalla en blanco.
¿Dónde?
En la fotografía, en el vídeo,
en los confines del Mar Mediterráneo
donde ahogado murió el niño.
Ayer. Otro más.

A su lado y boca abajo,
expandida sobre la tabla salvadora,
el cuerpo, grueso, de una mujer callada para siempre.
¿Será la madre, la tía, la prima o la hermana?
El rostro bañado en agua y aceite y gasolina.
¿Cuánto tiempo dormida?
¿Cuánto tiempo la pantalla sin vida?
¿Por qué no habrá soportado?
¿Por qué no ha aguantado hasta el rescate de los primos de los Brazos Abiertos?
¿Por qué ella, no, … y la amiga, hermana o compañera, sí?
Es Josefa del Camerún.
El rostro tieso,
los ojos: dos faros de alerta y miedo,
el cuerpo un potaje de hipotermia,
la castaña bateada en inconsciencia.
¿Cómo es posible?, se preguntará.
¿Son ellos los Ángeles del Infierno o de la Tierra?
¿Es esto el Cielo?

En volandas hasta el barco todos. Los tres cuerpos.
Dos a las bolsas: una grande y otra pequeña, muy pequeña, demasiado pequeña.
Ella, a la trastienda del descanso,
al taller de reparación de la dignidad y la conciencia.
Es Josefa del Camerún:
una mirada, una esperanza,
la ilustración de un recorrido que vemos
y no estamos viendo.
¿Será esto la verdad?
¿Será esto el mal sueño?

Flotando entre aceites y gasolina,
boca arriba y desnudo,
el niño negro perdido,
el niño negro mecido
el niño negro sobre la cuna del mar.
¿Cuánto su tiempo pasado?
¿Cuánto su tiempo vivido?
¡Cuánta pesadilla!

No me atrevo a reclamar nada, pues nada hago por cambiar…, tan solo constato lo que periódico llega a mis ojos : historias y más historias que dejarán paso a otras historias, denuncias de lo digno e indigno de ciertas vidas particulares, reproducción insistente de comportamientos redundantes, perífrasis verbales del acontecer diario, demandas a los que ostentamos, … en definitiva, una noticia más del proceso darwinista de selección natural. A su lado, el futbolista millonario y amarillo con los brazos en jarras vuelca al suelo la tristeza por la pérdida de una imposible victoria. ¿Y el resto?

JB.  Julio 2018

DOLBY ETÉRICO

DOLBY ETÉRICO

                                                                                          “Somos un horror de salas interiores en cavernas sin fin.”

                                                                                                                                      De “Hijos de la Ira” de Dámaso Alonso

1.

Escribir sobre los días pasados; quiero escribir sobre los días ya clausurados; y no, no voy a seguir por la línea lírica: no es el momento.

¿Qué es un día cerrado? Algo muerto y con gotas de resurrección, un recuerdo único de la mente, un suspiro de la memoria a través de la fuerza de la inteligencia, son los ejercicios aeróbicos o anaeróbicos del cerebro. Respira, expira. Rápido, lento. ¿Existo? Sí, y recuerdo. Porque soy por partida doble: en el ahora y en el fui. ¿Y el futuro? El futuro es ensoñación; ahí, ni soy ni he sido, pero tampoco seré. El seré, no es ser, es humo; más humo de lo que ya es el pasado. En el pasado fuiste, estuviste: una vez, un tiempo, un lugar, un instante: todos aquellos instantes que logras recuperar e instalar en tu presente al hacerlos reales cada vez que te acomodas en ellos bajo la mirada unívoca y cierta de tu peculiar verdad. ¿Qué puede ser más obvio y manifiesto que aquello que pasa por el infinito reciente de tus pensamientos? ¿Es eso la verdad? Por supuesto: es lo que es, es lo que pasa , es lo que se instala en tu instante presente y se refleja en tu recuerdo.

Deseo escribir sobre los días pasados, sobre los días clausurados. Deseo no olvidar. Tengo la escritura para cerciorarme de que mi estado es puro presente, tengo la escritura para apuntalar y recrear la circunstancia que impone mi cabeza, mi vista y mi entendimiento. ¿Para qué escribo? Para ser y para estar, para madurar, para escalar por la pared de los días, por esas fechas pasadas y por este momento actual que me arrastran a comprender y a disfrutar esta situación (bastante nueva para mí), este trance por el que paso a la hora de escribir. Y me gusta, sí. Corren por mi sangre y mi piel las ganas de transcribir y entender lo que es cada segundo inicial y final (porque cada segundo es vida y muerte a la vez) en el que elaboro la existencia que pasa ante mis ojos; una vida cualquiera más, de entre las siete mil cuatrocientas cincuenta millones de vidas según los últimas estadísticas, medias y redondas, de Census.gov (2018). Ese es el sino y el destino de lo escrito. La vida es muerte. Lo escrito perdura: al menos más que una vida.

Tengo que caminar, he de moverme y actuar, pero también he de parar porque quiero retomar aquel momento ya pasado y escribirlo. Es lo que deseo ¿no? Primero tengo que volver a pensar para qué me puse aquí, delante de este ordenador, una vez más. Quería escribir sobre los días pasados, sobre los días clausurados de la razón o la no razón, de algunos detalles de la semana pasada. Pero en realidad, ahora, no quiero trasladarme allí, al otro lado de mi conciencia temporal pasada, y narrar y recordar una extraña situación vivida; aunque tampoco quiero no hacerlo, tampoco quiero frenarme aquí. No. ¿Qué quiero? Quiero escribir, deseo rellenar ests páginas del Quadern Negre. Podría continuar escribiendo este laberinto de incongruencias y coherencias, podría dejar la mente sola, podría tratar de descifrar las correcciones e incorrecciones de la existencia que se me imponen desde arriba, desde la azotea de mi cuerpo a través de los ojos, pero sobre todo, a través de la almendra volátil, no medible ni pesable, que es la conciencia.

Y sigo sin introducir las circunstancias que quería revelar: aquellos días pasados del mes de junio que de algún modo me sobrecogieron, aquellos días ya clausurados que tanto abogan, o abogaban, por salir a flote en este escrito del día de hoy y que tanto necesito, o necesitaba, descubrir.

Estos días azules. Este sol de la infancia… ¿dentro del bolsillo de un gabán? ¿Aquello fue o es? Aquello fue para el autor, aquello es para el autor; y aquello sigue siendo a día de hoy un instante lírico y estático, un cincelado de palabras pasadas y presentes, únicas y palpitantes. Terminales.

¿Elegir entre presente o pasado para escribir? Sí, lo haré, ¡seguro! Un día de estos me pongo con aquellos días del mes de junio ya pasados, ya clausurados (¡quizás ahora mismo!): porque así me lo exigen y así me lo exijo.

2.

¿Cómo hago para escribir? ¿De dónde saco el material que me lleva a colocarme ante el portátil para rellenar este archivo de texto odt con palabras? No escribo novelas, no escribo ensayos ni dramas ni cuentos, no escribo poesía ni apuntes, ni nada en lo que haya pensado a conciencia previamente. Tan solo me dejo transcurrir y manifiesto:

Hoy me he despertado temprano por la mañana como muchos otros días de verano, ¡Me gustan las mañanas de junio y julio! A las seis y media amanece, a las ocho ya puedo estar escribiendo en casa, sin más compañía que el salón y sus libros, y su mesa, y su cocina y sus sillas, y su televisor, y su…, además de la luz de un tibio sol escondido entre nubes de nieve del levante, además de las paredes amarillas y las cuatro macetas de plantas de hojas verdes a un metro escaso de mi cara, además del regusto agrio a café (y tostada de mantequilla con mermelada de naranja amarga) que saliva por mi boca para suavizar la sequedad de la lengua, además de la estrecha vista del horizonte del Aljarafe entre feos edificios de dos y tres plantas a través de la gran ventana enrejada, además de los vuelos de júbilo permanente y cansino de pajaritos y pajarracos, más algún coche que, muy de vez en cuando, baja o sube por el puente hacia la autovía de salida de Sevilla (porque hoy es sábado, claro). En casa, duermen mientras tanto. No saben que estoy haciendo una ligera y simple descripción del día de hoy (un día cualquiera, un día más), que estoy (como muchos otros días) escribiendo cosas (¿qué cosas?) en el ordenador con la fuente de letra Georgia (más de cinco años conviviendo con ella: me gusta), tamaño 12 y la página ampliada al 150%; que todo esto lo hago con la intención de fijar la conciencia de este momento y traspasarla a la conciencia de cualquier persona que lea esta acumulación de palabras efímeras porque el que se introduzca en este dibujo plano de lo que para mí fue la mañana del treinta de junio de dos mil dieciocho, a las ocho y veintiseis minutos, en esta ciudad de Sevilla, aquí, justo en los confines del barrio de Triana, casi a medio camino entre los dos cauces del río Guadalquivir (el estanco que cruza el centro de la ciudad y el que fluye hacia el mar que es el morir) y emborrachado por los píos de las aves histéricas (cuando los escucho, claro; otras veces no percibo más que el rumbo de mis pensamientos), podrá decir que hubo una vez que vivió durante un ligero instante la sensación de una simple mañana veraniega, fresca y extrañamente nublada de una ciudad del sur de Europa en la que percibió la aburrida paz exterior e interior de un día recién levantado y la circunstancia trivial del estado de ánimo del que lo escribía y al que le asaltaba la idea de que hay un tiempo y un lugar donde te ves reflejado y apuntalado en el simple y cotidiano existir (este de ahora), de que hay miles de tiempos y miles de lugares donde todo es una sencilla transformación y paso de los segundos (a veces lentos, a veces ágiles) que son los que conforman la existencia ordinaria de la inmensa mayoría de las personas y seres vivos que transitamos por este mundo a la hora de asomarnos a un nuevo día… Claro que, también existen otros tiempos y otros lugares donde todo es urgencia, violencia e inconsciencia, y muerte, y desaparición, y… ¿La única verdad es la que está conmigo ahora? La única verdad es que trato de narrar en este instante, y lo único que tengo para hacerlo efectivo es mi deseo de expulsar lo que se presenta en mi cabeza; de ahí mi tendencia en los últimos días, a preguntarme con frecuencia qué es lo que me lleva a rellenar este archivo odt que va conformando las páginas del Quadern Negre. ¿Por qué escribo? ¿Para qué o para quién escribo? ¿Cómo surge la escritura?

Mientras tanto, no avanzo en la revelación de algunas historias ocurridas que esperan en mi cabeza para salir a flote. ¿Historias mágicas o fantásticas? Historias simples y ordinarias, quizás, vacías, quizás, únicas, como esto que acabo de escribir. Tampoco pasa nada si no las cuento, pues nada importa y todo ocurre y transcurre sin más. ¿Es acaso más importante la desaparición de una persona cercana que la del mosquito nocturno que pude aplastar anoche de un manotazo tras soportar su picaduras? Por supuesto que sí. En la escala humana es un duro tachón. En la escala mosquito es otro duro tachón. En la escala celular son dos simples y redundantes billones de tachones que van por ahí sin prestar atención. En la escala universal no es nada, en los agujeros negros, menos. Es, ha sido y fue. Y habrá más. Y ese más: ¿qué más da?, ¿qué más dará?, ¿qué más dio?

¿Interesarán estas palabras?…

JB. Mayo 2018

SIN MÁS

A Luis, Zuriñe y Luken

Plano general corto de la cocina de un piso. Enero de 2018. Luz de primera hora de la mañana. El plano es fijo. Un niño de apenas 2 o 3 años pregunta a su madre qué cosas de comer van en la bolsa-mochila y se enfada. ¿Día de ir al colegio o a la guardería? La madre se mueve lenta de izquierda a derecha, habla con el niño, le habla en euskera. El niño protesta por el contenido de la bolsa. La madre parece cansada de las quejas del niño, de dar tantas, o las mismas, explicaciones matutinas. La fotografía es natural y equilibrada, el momento relajado, no destaca por nada; o más bien, destaca, sin destacar, por ser la rutina de un día cualquiera. Es el instante, es pura y sencilla vida, segundos vividos y retrato cotidiano. Sin más, como diría mi amigo Luis.

Pasamos a primer plano fijo del niño. El foco, que a veces viene y va, está justo en el rostro, en los ojos y en la boca; de nuevo una luz agradable. El padre, en off, pregunta al niño, le saluda, le anima a guiñar un ojo: guiña los dos a la vez. El niño come de una cuchara, la madre en off sigue dirigiéndose a él en euskera, le anima a comer. El niño sonríe y protesta, se deja querer, se sabe protagonista de la situación. Está tranquilo y confiado. Su corazón rebosa paz y placer, y no lo sabe; solo conoce eso, o al menos, lo reconoce como lo mejor, lo que marca su día a día, su camino. Ni siquiera los padres captan esa felicidad cotidiana aunque la intuyan (en este caso, el padre sí es consciente y por eso, se encarga de grabar). Una suave y melancólica canción pop acompaña el relato del instante. Dos minutos y cincuenta segundos de la vida de un niño (y sus padres) contada en dos sencillos planos, una bonita y sutil pincelada de normalidad, un retrato más del hijo, un vídeo con firma final: aitá 2018. Regalo de padre a hijo, recuerdo de una mañana cualquiera, puesta en escena de un presente que ya es pasado, un cariñoso pellizco de memoria, un tierno acto de amor paternal, un momento más de Luken, hijo de Luis. Así, sin más. Ese “sin más” que capta Luis y que puede hacer sonreír a cualquiera como al menos hice yo; y no solo por conocer al que lo ha filmado y a la madre del niño (aún no he conocido a Luken en persona) sino por la sobria captura de un instante vital con el que cualquiera puede empatizar. Es un bonito vídeo: es un rayo de luz agradable, es el sol de la mañana de un día de invierno, es la brisa del atardecer de un día de primavera, es… (uff, no, no, no; no sigas con estos símiles soleados, cursis y pretenciosos, ¡poeta de pacotilla!). Es tan solo un vídeo bonito y encantador. Apto solo para conocidos. Sin más.

Aunque creo que algo más sí que hay, algo en lo que pienso con frecuencia en los últimos años: el continuo retrato y grabación de vida. Los niños del siglo XXI en las sociedades ricas son los primeros en ser fotografiados o grabados con una frecuencia anormal, casi diaria. Sus vidas se convertirán en un tremendo archivo de gigas y más gigas. ¿Lo guardarán los padres? ¿Legarán al hijo su infancia? Una infancia, por otro lado, más de los padres que del hijo, pues son ellos los principales testigos de su vida. Éste, ¿lo recuperará cuando sea mayor? ¿Seguirá almacenando su vida de adulto? ¿Visionará alguna vez ese inmenso archivo? No, no tendrá tiempo. Si se mete en un bucle de ver una y otra vez las miles de horas de su vida ya vivida, no tendrá presente ni futuro; si las visiona con regularidad es que estará en un continuo estado de melancolía y desesperanza, andará en busca de algo: ¿La verdad? ¿El tiempo perdido? ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? Eso es el final.

Todo ese material terminará almacenado en las “nubes” informáticas (de hecho, ya se hace). Habrá editores robots que, como los montajes que ofrece en la actualidad Google con las fotos del móvil del último año, compondrán “películas” con los mejores momentos, en largos o cortos resúmenes a gusto del consumidor. No será por tanto necesario que haga el esfuerzo de rememorar con la imaginación, no tendrá que pasar a toda velocidad su vida en los instantes anteriores a tener claro que va a morir; un editor robot habrá seleccionado y creado pequeñas o largas películas que harán innecesario el esfuerzo por rebuscar en el pasado. Su vida será un compendio de esas imágenes que se irán depositando en “la nube” y en su mente; con ellas podrá llorar, reír, aburrirse, sacar conclusiones positivas o negativas de su paso por este mundo (con un bello fondo musical elegido por él o por la máquina y los algoritmos), hacer un speech o alegato final. Las imágenes se convertirán en su único recuerdo y quedarán almacenadas para siempre en esas “nubes”, auténticos cementerios audiovisuales e informáticos. Ese memoria de vida podrá ser legada y visionada por familiares futuros (si ese es su deseo o testamento). De ese modo, transferirá highlights o hitos donde los descendientes podrán recordarlo y homenajearlo además de reconocerse en él (tal y como hacen los reyes con los retratos de sus antepasados). Además de la lápida, con fecha de nacimiento y muerte y un posible epitafio y foto, habrá la posibilidad de visionar la película de vida del finado que se repetirá en un bucle infinito. Y en principio, claro, solo legará lo bueno, su mejor perfil, una pequeña parte de su verdad, pues tan solo eso es lo que habrá almacenado y prácticamente grabado. “La nube” será por tanto, un reducto de memoria reduccionista, un compendio de mentiras pues falta la cara B, o al menos, de medias verdades.

También cabe la posibilidad de negocio. El protagonista podría subastar su vida en la “nube”, vender sus “películas” a empresas que a su vez la ofrecerían a personas del futuro que quieran vivir o experimentar, como un acompañante voyeur, la existencia pasada de una persona cualquiera (esto quizás pueda ser posible más adelante: ¿año 2080, 2090, siglo XXII?), rodeado con atrezzo para la ocasión: objetos, casas y medios de comunicación (televisiones, móviles, prensa escrita, etc) de la época para hacerlo más verosímil. “¿Aburrido de su trabajo, de su día a día cotidiano? Programe unas vacaciones al año 2020, deléitese con la plenitud de vida de otro ciudadano o ciudadana, miles de horas de grabación y fotos en variadas, hermosas películas privadas y personales. Viaje al bienestar y a los aparatos antiguos: televisores 4K, móviles con reconocimiento facial, películas 2D y 3D, animales domésticos,… ¡Otro mundo, un feliz pasado!”

Además, con esta oferta sería posible asistir a suicidas del siglo XXII; vivir o visionar la vida de otros como método terapéutico: siempre felices, siempre arriba, always high. O a personas que quieran investigar sobre el pasado contagiándose e incluso saturándose con aquellos momentos pasados y “falsos” (perfecta herramienta para historiadores y creadores). O… Muchas posibilidades, muchas.

¿Y qué será de nosotros los nacidos en el siglo XX? Brevedad de la infancia por el poco material audiovisual existente; madurez y vejez importante dependiendo de lo que se haya expuesto cada uno. En cualquier caso, vidas cojas, conciencias sucedidas y ya apagadas, recuerdos físicos transformados en cenizas o corrompidos por el tiempo y los gusanos. En definitiva, vidas únicas e intransferibles, privadas, como ha habido siempre.

¿Es necesario durar tanto, es necesaria tanta exposición, es necesario archivarlo todo? ¿Será posible conseguir dinero por vender nuestra vida a empresas que finalmente, y como casi todo, serán dirigidas por máquinas, robots, cálculos y algoritmos mientras los humanos “disfrutamos” de otras cosas, de un no se qué? ¿Es eso bienestar y progreso? Lo es. ¿Es bueno, malo, regular? No sé. Solo sé que es y que podrá ser; o no. Sin más.

JB